← Back to portfolio

Olga Rodríguez: "Se apuesta por contar las guerras como si fueran una película entretenida de acción"

Olga afirma que desde que desde que dejó su trabajo en redacciones donde se informa sin salir de la oficina, se ha “reconciliado” con el periodismo. Para ella, el trabajar de ese modo es “antinatural” y confiesa que se sentía como en una jaula entre teletipos, copia-pegas y perpetuando discursos de “pensamiento dominante”.

Puede que así se haya despojado de cierta servidumbre de la que reniega, no obstante tiene que lidiar con otros obstáculos permanentes que hoy rigen el sector del periodismo, como es el caso de los intereses informativos.

No es nuevo el poder de influencia que tienen los medios de comunicación mediante su Agenda Setting o el establecimiento de temas. ¿Qué es noticia y qué no? ¿En base a qué? Olga Rodriguez ha sufrido la frivolidad de este aspecto, y cuenta cómo “estar informando bajo una manta de cadáveres o al lado de una madre llorando a su hijo, y que te digan “no interesa” es muy doloroso y frustrante”. Ella apuesta por “otro tipo de periodismo”, donde la información no sea mera mercancía, donde aquello que pasa a diario también sea noticia, donde se pueda contar “lo que le pasa a la gente” mediante historias particulares que reflejen la realidad cotidiana.

Con todo, Olga subraya que siempre ha tenido la sensación de que en España no se ha valorado “lo suficiente” la información internacional y que, por lo tanto, tampoco se apuesta por ella. De hecho, no se da un seguimiento diario de los conflictos y es por esa falta de contextualización que a la audiencia le cuesta tanto entender las claves de las guerras o de los levantamientos populares. Existe, a menudo, una falta de compromiso latente con respecto a la información, e incluso se podría decir con respecto a los propios reporteros cuando los envían a cubrir sucesos en otros países y recién bajan del avión les exigen escribir una pieza. Sin tiempo de indagar en la zona ni de hablar con las fuentes, al reportero le es imposible hacer otra cosa que no sea repetir discursos que otros hayan hecho antes. Una pérdida de tiempo donde lo único que parece primar es la inmediatez y el paisaje encuadrado en cámara.

“He visto periodistas que pagan diez dólares a alguien y le piden que cuando
el pilotito rojo de la cámara se encienda, pegue un par de disparos al aire
para que puedan hacer su escenografía de que están en peligro”. O.RODRIGUEZ

Esta es la era del infoentretenimiento y la Sociedad del Espectáculo, parafraseando a Guy Debord, donde la representación precede a la realidad y donde se otorga importancia al show en detrimento de la calidad informativa. Bien lo sabe la periodista leonesa, que ha vivido en primera persona cómo algunos compañeros de profesión “se sienten obligados a vestirse como reporteros intrépidos” porque es lo que ahora vende, es lo que el público parece esperar. “Se apuesta por contar las guerras como si fueran una película de acción, casi invitan al espectador a sentarse en el sofá con palomitas y divertirse”, lamenta, y cuenta con total naturalidad: he visto periodistas que pagan diez dólares a alguien y le piden que cuando el pilotito rojo de la cámara se encienda, pegue un par de disparos al aire para que puedan hacer su escenografía de que están en peligro”. Prácticas tan increíblemente comunes como dañinas para el periodismo, donde reducen la atrocidad de la guerra y la constante violación de los Derechos Humanos en algo meramente entretenido. Pero “las guerras están en las casas de las gentes, en las morgues y en los hospitales”, recuerda la periodista, tajante.

Olga ha vivido y relatado la guerra de Irak, las revueltas árabes de Egipto, Libia, Siria, Yemen… la crueldad en los Territorios Palestinos Ocupados, entre otros conflictos y afirma que en ocasiones estar informando en estas situaciones donde se trabaja a la vez que se tiene que estar en constante alerta y actividad para cubrir tu seguridad acarrea un shock psicológico, sobre todo, en la vuelta a casa: “pasamos por una especie de stress post-traumático” dice, y critica que en España los medios de comunicación “jamás se han planteado la necesidad de ofrecer un servicio psicológico cuando por ejemplo en el mundo anglosajón es una imposición, al menos, una visita es imprescindible”.

Soportar la situación en conflictos no debe ser una tarea fácil, “nunca sabes cómo vas a reaccionar”, confiesa la periodista en cuanto a la gestión del miedo. Al volver a casa, además del desgaste mental, “tienes que tratar de reconciliarte con tu sociedad que te parece frívola e irresponsable porque está mirando hacia otro lado cuando tú sientes cada minuto lo que está pasando en ese lugar que ya has abandonado, pero que tu corazón sigue en él”, dice Olga ante la pasividad de la sociedad. Este es el precio que hay que pagar por tratar de contar crudas realidades, pero de todo se puede aprender algo, y la lección de la periodista es que “cuando ves la vulnerabilidad del ser humano y su fragilidad, comienzas a valorar la vida. A mi Irak me ayudó a tener muy claro que no iba a perder el tiempo en la vida”.

Por último no deja de repetir que la información es un servicio público y un derecho fundamental de los países democráticos y que, el periodismo, al tener una gran responsabilidad social, debe ser, como dijo Kapusciski, intencional, es decir: con unos principios y defendiendo los Derechos Humanos, tratando de escapar siempre de la equidistancia y sin tener miedo de llamar a las cosas por su nombre, sin eufemismos. “El compromiso del periodista tiene que ser la libertad y la independencia” recuerda Olga y remata que “una sociedad mal informada es fácilmente manipulable”.